La libertad de prensa en Bolivia enfrenta uno de sus momentos más críticos. Así lo alertó la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que este martes expresó su profunda preocupación por el aumento sostenido de la violencia y el hostigamiento contra periodistas y medios de comunicación en el país andino.
En un comunicado oficial, la SIP advirtió que en lo que va del año se han reportado múltiples casos de agresiones físicas, amenazas, campañas de difamación y presiones gubernamentales dirigidas a silenciar voces críticas. La organización señala que esta tendencia vulnera principios democráticos y pone en riesgo la integridad de quienes ejercen el periodismo.
“Los ataques a la prensa no son hechos aislados, sino parte de un ambiente cada vez más hostil contra el derecho a informar y a estar informado”, afirmó Carlos Jornet, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP.
El organismo regional hizo énfasis en la falta de investigaciones efectivas y la impunidad que rodea a muchos de estos casos. También subrayó que las autoridades, en lugar de proteger a los periodistas, muchas veces son actores activos en la estigmatización y persecución de medios independientes.
La preocupación de la SIP se suma a otras voces internacionales que en los últimos meses han señalado retrocesos en la libertad de expresión en Bolivia. Organizaciones como Human Rights Watch y Reporteros Sin Fronteras también han observado con alarma el uso excesivo de figuras penales como la “sedición” o la “difamación” para limitar la labor periodística.
El pronunciamiento de la SIP llega en un contexto de creciente tensión política en Bolivia, con elecciones en el horizonte y una sociedad polarizada. En este escenario, la labor de la prensa cobra mayor relevancia como garantía del debate público y el control democrático.
Frente a esta situación, la SIP instó al gobierno boliviano a cumplir con sus compromisos internacionales en materia de derechos humanos, garantizar la seguridad de los periodistas y cesar cualquier acción que pueda interpretarse como una forma de censura o represión.
“Sin libertad de prensa no hay democracia sólida. Es deber de los Estados proteger a quienes informan y no permitir que el miedo sustituya a la verdad”, concluyó Jornet.
La voz de alerta ha sido lanzada. Ahora, todas las miradas están puestas en las acciones o la omisión del Estado boliviano ante una situación que ya traspasa fronteras y compromete su imagen internacional.
