Abogada, poeta, activista, profesora universitaria y excandidata presidencial, Mary Cruz Baya Claros ha convertido su vida en una lucha constante por los derechos humanos y la democracia. Desde que acompañaba a su madre a reuniones políticas bajo amenaza de dictadura, hasta encabezar una candidatura presidencial marginada por el sistema, su historia es la de una mujer que eligió decir la verdad, aunque eso la dejara sola.Memorizó los números de su padre, de su abuela, del despacho. No era un juego. Si alguien miraba «raro» en una reunión, si un vehículo extraño se detenía cerca, ella debía correr. Y avisar. Porque su madre, Aida Claros, ginecóloga de profesión y demócrata de vocación, era la primera candidata a diputada por Cochabamba en una Bolivia que aún se debatía entre botas militares y silencio obligado.A Mary Cruz la entrenaron para detectar lo sospechoso, para cuidar la democracia sin saber aún pronunciar esa palabra con propiedad. Desde entonces no ha hecho otra cosa: cuidarla, defenderla, hablar por ella.Fue lo que respondió cuando le ofrecieron reemplazar a un candidato que había renunciado a mitad de camino. Ella no quería conectar con lo que considera un sistema viciado, donde los pactos oscuros son más frecuentes que las propuestas claras.Pero también es verdad que, justo un mes antes, Mary Cruz había presentado su libro La Patria Primero, un proyecto de país construido desde abajo, desde las bases, desde las voces ignoradas. Se lo había ganado conversando con comunidades, mujeres, sindicatos, campesinos, intelectuales y jóvenes. Escuchando más que hablando. De ahí surgió una “agenda desde el pueblo”. No un eslogan. Un compromiso.Por eso, cuando la invitaron al Comité Político del ADN en Santa Cruz —en un Día de la Mujer sin trabajo ni expectativas políticas activas— y le ofrecieron la candidatura presidencial tras un conversatorio que se convirtió en una especie de defensa de tesis política, dudó.No fue ella quien decidió. Fue su madre, de nuevo. “Acepta. Esta es tu palestra para decir la verdad”, le dijo. Y así, como quien acepta una misión sagrada, se convirtió en la única candidata mujer a la presidencia en 2020.Fue registrada oficialmente. Pero no apareció en las encuestas.En su lugar, usaron la foto de un hombre, con otro nombre. Un error grotesco que no fue corregido ni por Ipsos, ni por el Tribunal Electoral. En los medios, le asignaron un “cero” que nunca fue suyo.Aun así, Mary Cruz denunció, protestó, escribió cartas, insistió. Nunca insultó. Solo reclamó con pruebas en mano. Fue marginada de eventos como la “Cumbre por la Vida”, convocada por la presidenta Jeanine Áñez. Se enteró porque su peluquero recibió una invitación dirigida a ella.Y fue. Porque “al final de cuentas era candidata, y quería decir lo que pensaba”. Y lo dijo.Poeta, profesora, mujer de lucha.Antes de ser candidata, fue profesora. Docente de la Universidad Mayor de San Simón, donde ganó todas sus cátedras por concurso público. A veces, incluso habiendo ganado, no le asignaban la materia. No era amiga ni comadre de nadie.Pero volvió a postular. Hasta lograr ser titular de tres materias. Y siguió publicando. Tiene 17 obras escritas, entre textos jurídicos, reflexiones democráticas y poesía. Porque también es poeta. Y cuando el ruido electoral la hartó, huyó por un mes con sus libros a Chile y Argentina. Regresó cuando las listas ya estaban cerradas.También fue activista internacional. En su juventud participó en los movimientos contra Pinochet en Chile, ayudó a rescatar balseros, trabajó por elecciones libres. Porque para ella, el derecho es un instrumento para garantizar la libertad. Y la democracia no es una moda: es una urgencia.Hace poco inició el trámite para registrar una sigla política de alcance nacional propia. Ya no quiere depender de mafias que venden siglas a 40 mil dólares o más. Sueña con construir un nuevo partido desde cero, primero en Cochabamba, y luego a nivel nacional.No para figurar. Sino para darles un vehículo político a las propuestas que no encuentran espacio en el tablero electoral que —según sus palabras— “está dibujado para que participen quienes le hacen el fuego al socialismo internacional”.Quiere una Cochabamba sin corrupción, una Bolivia donde los jóvenes no emigren por falta de oportunidades, un sistema que respete las autonomías departamentales. Cree que el cambio vendrá de abajo, y que para eso hay que organizarse, aunque cueste, aunque se empiece con lectores de huella prestados y laptops personales.
