En medio de una crisis energética creciente, el país duplicó su gasto en combustibles respecto al año pasado. El déficit en producción interna y el subsidio estatal agravan la situación.
El Gobierno boliviano destinó más de 1.000 millones de dólares a la importación de combustibles líquidos en el primer semestre de 2025, según datos oficiales del Ministerio de Hidrocarburos. Esta cifra representa un incremento del 56% respecto al mismo periodo del año anterior, en un contexto marcado por la caída de la producción nacional y la presión sobre las finanzas públicas.
Durante una conferencia de prensa, el ministro de Hidrocarburos, Franklin Molina, explicó que entre enero y junio se importaron más de 1.160 millones de litros de diésel y gasolina. El 85% de ese volumen fue destinado al sector del transporte y a la generación de energía eléctrica.
“La situación es crítica y estamos trabajando en alternativas estructurales para reducir esta dependencia”, sostuvo Molina, quien también señaló que la política de subsidios sigue vigente, aunque representa una carga creciente para el Tesoro General del Estado.
La baja producción de hidrocarburos, combinada con el aumento de la demanda interna y el contrabando de combustibles hacia países vecinos, ha obligado al Estado a importar grandes volúmenes para evitar el desabastecimiento. Según las cifras del gobierno, el país produce apenas el 35% del diésel que consume y menos del 50% de la gasolina.
Expertos en energía advierten que este modelo es insostenible a mediano plazo. “La importación masiva de combustible subsidiado crea un círculo vicioso: se incrementa el gasto público, se distorsiona el mercado y no se incentiva la inversión en producción local ni en energías alternativas”, comentó un analista del sector que prefirió no ser identificado.
El impacto económico no es menor. Solo en lo que va del año, Bolivia ha destinado alrededor del 2% de su Producto Interno Bruto (PIB) a la compra de combustibles, en un contexto de déficit fiscal acumulado y reservas internacionales en declive.
El ministro Molina aseguró que el gobierno ya trabaja en proyectos para industrializar el litio, avanzar en biocombustibles y ampliar la capacidad de refinación nacional. Sin embargo, reconoció que los resultados de estas políticas se verán recién en el mediano y largo plazo.
Mientras tanto, el país sigue dependiendo de las importaciones para abastecer sus estaciones de servicio y sostener la actividad económica. La situación podría agravarse si los precios internacionales del petróleo vuelven a subir o si se presentan problemas logísticos en la cadena de suministros.
