En la comunidad de Majo Pampa, municipio de Shinahota, zona tropical de Cochabamba el eco de los disparos rompió la rutina agrícola de una familia que, hasta ese momento, solo cosechaba coca en su parcela. Fue allí donde ocurrió una emboscada letal que acabó con la vida de Luciano Torrico (48) y su hijo Albert Torrico, mientras Severina Sipe, esposa y madre, sobrevivió de milagro con una herida de bala. Lo que parecía un día más de trabajo en el trópico cochabambino se convirtió en una escena de horror.
De acuerdo con el relato de Severina, la familia se encontraba trabajando cuando un vehículo se detuvo cerca del terreno. Un grupo de personas armadas descendió sin mediar palabra y comenzó a disparar. Albert intentó correr, buscando refugio en una construcción de madera, pero fue alcanzado por los disparos. Luciano, en su intento de pedir ayuda, fue interceptado y abatido. Los atacantes escaparon en el mismo vehículo en el que llegaron, dejando tras de sí muerte y desesperación.
Las investigaciones preliminares de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) apuntan a un posible ajuste de cuentas ligado al narcotráfico. Luciano Torrico tenía antecedentes por tráfico de sustancias controladas en los años 2004, 2009 y 2013. Su esposa, Severina Sipe, también registra antecedentes por el mismo delito. Albert, en cambio, no tenía ningún registro penal. La Policía no descarta que el joven haya sido una víctima colateral.
El director de la Felcc, Vanderley Flores dijo que los cuerpos de padre e hijo fueron trasladados a la morgue judicial de Villa Tunari, donde la autopsia confirmó que Luciano murió por cuatro impactos de bala y Albert por tres. Ambos fueron ejecutados con armas de fuego calibre 9 milímetros, según el informe forense.
Severina, quien recibió un disparo, logró sobrevivir y se recupera en un centro médico bajo resguardo policial. Su testimonio ha sido clave para reconstruir el ataque y establecer las primeras líneas investigativas.
Además, en la zona de Majo Pampa se tiene registro reciente de la destrucción de laboratorios de cristalización de cocaína, lo que refuerza la hipótesis de que el crimen estaría relacionado con conflictos entre organizaciones del narcotráfico que operan en la región.
Mientras las investigaciones continúan bajo la coordinación del Ministerio Público, el miedo y la tensión crecen en las comunidades del trópico, donde la violencia ligada al narcotráfico parece haberse convertido en una amenaza constante.
