The joy of growing your own food
Tras años de alta dependencia del producto extranjero, el país muestra señales de autosuficiencia. Expertos destacan el rol del productor local y el cambio de políticas agrícolas.
Bolivia redujo significativamente sus importaciones de papa durante 2024, alcanzando apenas las 20 mil toneladas, una cifra que marca un hito en la balanza comercial del rubro agrícola y despierta optimismo entre productores y autoridades.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), esta reducción representa un descenso de casi el 70% en comparación con años anteriores, cuando las compras externas del tubérculo superaban fácilmente las 60 mil toneladas anuales. El fenómeno ha sido atribuido a una combinación de factores: mejores condiciones climáticas, políticas de incentivo a la producción nacional, y un mayor consumo de papa cultivada en territorio boliviano.
“La producción local ha ganado terreno. Ahora vemos papa boliviana en mercados donde antes predominaba la importada”, señaló Javier Mamani, dirigente de la Federación Nacional de Productores de Papa. Mamani también destacó que la estabilidad en el precio nacional ayudó a posicionar el producto frente a la competencia extranjera.
Además, el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras impulsó campañas de tecnificación agrícola y financiamiento para pequeños productores, lo que permitió aumentar el rendimiento por hectárea en regiones clave como Cochabamba, Chuquisaca y Potosí.
La reducción en importaciones no solo tiene impacto económico, sino también simbólico. La papa, alimento ancestral y símbolo de identidad cultural andina, recupera protagonismo desde la tierra boliviana. “Es un paso hacia la soberanía alimentaria que tanto hemos buscado”, afirmó la ministra Remedios Loza en declaraciones recientes.
Por otra parte, el descenso de las importaciones también responde a una menor demanda de papa procesada del exterior, como papas fritas congeladas, debido a la reactivación de plantas nacionales y el crecimiento del consumo de productos frescos en los hogares bolivianos.
A pesar del avance, los expertos advierten que no todo está resuelto. “Debemos seguir fortaleciendo al productor local frente al cambio climático, mejorar las cadenas logísticas y abrir mercados internos y externos”, advirtió el economista rural Diego Torrico.
Con esta tendencia positiva, Bolivia da un paso más hacia el fortalecimiento de su economía agrícola. El desafío ahora será sostener este ritmo, diversificar la producción y garantizar que el desarrollo rural continúe beneficiando directamente a quienes trabajan la tierra.
