La cámara de seguridad captó apenas una sombra. Eran las 02:24 de la madrugada del 31 de octubre cuando un hombre salió cargando una maleta grande, arrastrándola con esfuerzo por la vereda semivacía de la avenida Petrolera. Horas después, el cuerpo sin vida de Estelita Rodríguez Vargas, de 29 años, aparecería abandonado cerca de la Facultad de Agronomía y de la estación del Tren Metropolitano.
Lo que en un inicio parecía una muerte sin identidad pronto se convirtió en una de las investigaciones más minuciosas del año. Y veintitrés días después, el rastro de aquella maleta nocturna condujo directamente a los únicos sospechosos: Gregorio B. M. A. (37) y Jhon J. M. A. (30), dos hermanos que eran —irónicamente— los dueños de la casa donde Estelita alquilaba un cuarto.
Una obsesión conocida en el barrio
Testigos y vecinos aportaron una pieza clave: ambos hermanos acosaban a Estelita. Uno de ellos, según versiones recopiladas por la FELCV, estaba “obsesionado” con ella e intentaba forzar algún tipo de relación sentimental. Estelita, dedicada a la venta de accesorios de celular en el mercado, los evitaba siempre que podía.
Pero la madrugada del 31 de octubre, la violencia estalló dentro de la misma vivienda donde vivía la víctima. Según las primeras pericias, Estelita fue agredida, violada y luego estrangulada.
La maleta como evidencia silenciosa
Tras el crimen, el cuerpo fue introducido en una maleta de gran tamaño. Una cámara de vigilancia —la misma que los investigadores revisaron cuadro por cuadro— registró la salida de uno de los hermanos cargando el bulto, apenas sosteniéndolo, rumbo al lugar donde la víctima sería hallada.
A esa hora, mientras la ciudad dormía, el video se convertía en el elemento probatorio más contundente del caso.
Contradicciones, radiobases y un celular que habló
El abogado del Observatorio de Justicia de la Fundación Voces Libres, Marcelo Sánchez, relató que los dos hermanos cayeron en contradicciones desde su primera declaración.
Uno aseguró que no salió de la casa en toda la madrugada. Pero las radiobases telefónicas lo desmintieron: no solo salió, sino que estuvo exactamente en el punto donde la Policía encontró el cuerpo de Estelita.
El celular de la víctima también aportó información crucial. Aunque en un inicio estaba dentro del domicilio, al momento del hallazgo el aparato se encontraba en la zona del Barrio Chino, a varios kilómetros, lo que reforzó la hipótesis de manipulación posterior al crimen.
El precinto roto y la colcha desaparecida
Cuando los investigadores precintaron el cuarto que Estelita alquilaba, el ambiente quedó bajo resguardo. Sin embargo, días después el precinto apareció violentado. Faltaba una colcha azul en la que se presume había fluidos de los agresores.
Uno de los hermanos intentó justificar el hecho: rompió el vidrio de la habitación para simular que un extraño entró a robar la colcha. Pero nuevamente, las cámaras lo contradijeron. Ninguna persona ajena ingresó al domicilio.
La única conclusión posible apuntaba a los propietarios de la casa.
Detención preventiva sin plazos
Después de tres semanas de análisis de cámaras, autopsias, entrevistas y allanamientos, el caso llegó a audiencia cautelar. El domingo 23 de noviembre, el Juzgado de Instrucción Penal determinó la detención preventiva de ambos investigados, sin plazos, dada la gravedad del feminicidio.
Jhon J. M. A. fue enviado a la cárcel de El Abra.
Gregorio B. M. A. fue remitido a San Sebastián.
El expediente continúa abierto, pero las imágenes de la madrugada —esa figura arrastrando una maleta por la calle vacía— siguen siendo el punto donde toda la historia se torció y permitió, finalmente, armar el rompecabezas del feminicidio de Estelita.
