Cira Castro es una profesional que, desde el Derecho y el servicio público, ha construido una trayectoria dedicada a la defensa de la niñez y los derechos humanos. Su carácter firme, su sensibilidad y su obstinación por hacer lo correcto la han llevado a enfrentar presiones políticas, perder cargos y asumir riesgos personales, siempre priorizando la protección de quienes no tienen voz.
Para Cira Castro, defender a niñas, niños y adolescentes nunca fue un rol burocrático, sino una verdadera misión. Lo vivió con una intensidad que marcó cada una de sus decisiones, incluso las más dolorosas.
Ingresó a la Alcaldía de Cochabamba en 1996, abogada con experiencia previa en tribunales y en Derechos Reales, donde adquirió conocimiento sólido en manejo de documentos de propiedad, adquiriendo experiencia en diferentes reparticiones del municipio, llegando ser transferida a una unidad nueva: la Defensoría de la Niñez, la primera del país. La tarea era monumental: donde llegaba no había estructura, personal técnico ni procedimientos claros, y los recursos eran limitados.
Al crearse la Dirección de Género y las Jefaturas de Defensoría de la Niñez y Adolescencia y Slim, a través de una convocatoria de institucionalización, Castro se presenta y al ganar dicha convocatoria junto a la Dirección, inició por lo básico: crear manuales de funcionamiento, diseñar flujos de atención, ordenar archivos, formar equipos y establecer una línea técnica coherente junto a la necesidad de un incremento al presupuesto de funcionamiento para esa Jefatura, cuya visión era integral: con profesionales con experiencia en las áreas de psicología, trabajo social y área legal que debían funcionar como un organismo coordinado.
También implementó permisos a nivel nacional para viajes de niños y adolescentes, previniendo la trata y el tráfico de menores, en coordinación con municipios del eje troncal, así como los operativos a lugares de consumo de bebidas alcohólicas para evitar la presencia de niñas, niños y adolescentes.
Su prioridad fue siempre la misma: “yo soy defensora de los niños, no de los padres”, repetía con la convicción de quien sabe que cada caso es una batalla contra el tiempo, la negligencia y la violencia.
Su labor fundacional fue clave en la implementación, organización y expansión de las Defensorías de la Niñez y Adolescencia. Donde llegó, no existía estructura ni condiciones mínimas: oficinas improvisadas, ausencia de personal técnico, movilidad deteriorada, falta de procedimientos internos, desorden documental y presupuestos exiguos.
La innovación de un proceso de control de viajes de niños y adolescentes a través de permisos que debían ser otorgados por los padres de familia con el fin de evitar situaciones de trata y tráfico de menores, con el fin de lograr resultados coordinó con los municipios del eje troncal, permitió que dichas acciones se implementen en la normativa legal.
Fue parte fundamental en la participación de las modificaciones a la Ley 2026 Código Niño, Niña y Adolescente, así como a la revisión y modificación de la Ley 548 Código Niña, Niño y Adolescente, trabajando también en la revisión e implementación de la Ley 348 Para Garantizar a las Mujeres una vida libre de violencia; leyes que permanentemente fueron socializadas por Castro.
Trabajo que se replicó en Quillacollo, por ejemplo, transformó un servicio precario en una red organizada con tres defensorías desconcentradas, equipos multidiciplinarios, ejecución de proyectos de prevención, incluso con presupuestos mínimos.
Los fines de semana, feriados y noches junto a un gran equipo multidiciplinario formaban parte del ritmo habitual de su trabajo: operativos de rescate de menores en situación de riesgo, intervenciones en locales de expendio de bebidas alcohólicas, lenocinios y lugares donde la población vulnerable corría riesgo; así como inspecciones en unidades educativas para evitar todo tipo de violencia. “Los domingos eran los operativos más riesgosos en Quillacollo incluso fuimos agredidos”, recuerda, con la serenidad de quien naturalizó la dureza de su labor.
Su ética profesional no fue nunca quebrantada: en más de una ocasión autoridades municipales y concejales intentaron manipular casos, exigir modificaciones de informes psicológicos o sociales, o presionarla para desviar procedimientos. Ella siempre respondió con un firme “¡No!” primando la lucha en defensa de la población vulnerable.
Uno de los episodios más crudos ocurrió en Quillacollo, cuando una concejala —señalada como madre negligente en informes oficiales— la citó para pedirle que modificara los documentos en su beneficio. Cira se negó rotundamente, aun cuando la autoridad amenazó con gestionarle un despido inmediato, amenaza que se cumplió días después, acompañada de escándalo mediático y maniobras políticas. Aun así, Cira defendió su trabajo ante la prensa con la frente en alto, relatando la presión y la extorsión política.
Carácter, valores y estilo de trabajo
Quienes trabajaron con ella coinciden: Cira Castro es incansable, exigente, responsable, una profesional muy capacitada y profundamente comprometida; capaz de formar y mantener un gran equipo multidisciplinario el cual mantuvo y lideró durante todo el periodo de su Jefatura en la Defensoría. Su estilo combina disciplina férrea con sensibilidad y protección hacia las víctimas. Nunca permitió la corrupción, nunca negoció su integridad, nunca permitió que se maltrate a su equipo formado y capacitado de las Defensorías.
Su liderazgo se basa en la capacidad y especialidad que cuenta en el área, el mismo que siempre transmitió a personal de diferentes instituciones a través de talleres de socialización de los derechos de los niños, niñas y adolescentes y la normativa que los protege. Acciones que va realizando con total responsabilidad.
Trabajo que fue permanentemente reconocido por instituciones importantes como universidades, la Policía y otras instituciones que trabajan con población vulnerable.

Incursión en la política
En 2015, la invitan para ser candidata uninominal de la zona norte de Cochabamba, no aceptó por no dejar solos a sus hijos ya que había enfrentado un divorcio, por lo que a tanta insistencia aceptó ir como candidata suplente, la misma que ganó ya que la población conocía su gran capacidad profesional y su compromiso social.
Su participación en la Asamblea Legislativa Plurinacional fue intensa: los cinco años fue parte de la Comisión de Derechos Humanos en la Brigada Parlamentaria, investigó y denunció negligencia médica, denuncias ciudadanas, casos de corrupción judicial, denuncias contra un exalcalde por hechos de corrupción ante las instancias pertinentes. Logró frenar designaciones irregulares. Participó también en la huelga de hambre de 15 días que derivó en la abrogación del Código de Procedimiento Penal impulsado por el gobierno de Evo Morales, resistiendo hasta el final como la única mujer del grupo de asambleístas de Cochabamba.
Cira Castro se mantuvo firme en la lucha contra la corrupción del gobierno de Evo Morales, sin ceder a presiones o chantajes. Tras concluir su mandato, volvió a lo que sabe hacer: trabajar técnicamente, con rigor y total conocimiento desde el servicio público municipal.

Más que una abogada: una defensora por convicción
La trayectoria de Cira Castro es la historia de una mujer que convirtió cada espacio en una trinchera a favor de la niñez y los derechos humanos. Construyó institucionalidad desde la implementación de las defensorías, lideró operativos de rescate de muchos niños en situación de riesgo y maltrato, intervino casos de violencia y negligencia, supervisó programas como la entrega del desayuno escolar para garantizar que los recursos llegaran a los niños, sin desvíos.
Hablar de Cira Castro es hablar de coraje, coherencia y servicio. Una defensora que, a pesar de todo, nunca dejó de creer en su misión: proteger a quienes no tienen voz.

