El caso que estremeció a Cochabamba da un giro aún más oscuro. Mientras la justicia condena a Omar Mauricio Alvis Rodríguez por el feminicidio de Ingrid Liliana Céspedes, una familia rompe el silencio y teme que su hija también haya sido asesinada.
La justicia dictó 30 años de prisión sin derecho a indulto contra Omar Mauricio Alvis Rodríguez (43), autor confeso del feminicidio de Ingrid Liliana Céspedes Condori (30). El fallo fue emitido este martes por el Juzgado de Anticorrupción y Violencia contra la Mujer 2 de Sacaba, enviando al condenado al penal de El Abra.
La sentencia trajo alivio a la familia de Liliana. Sin embargo, casi al mismo tiempo, el caso tomó un rumbo aún más estremecedor: otra familia se contactó con la madre de la víctima para denunciar que su hija desapareció hace 17 años tras mantener una relación con el mismo hombre.
Se trata de Jessica Guizada Siles, quien tenía apenas 16 años cuando conoció a Omar Alvis en 2009, durante una festividad religiosa en Sacaba. Según el testimonio de su padre, Raúl Guizada, el hombre sedujo a la adolescente y la convenció de irse con él sin avisar a su familia.
Tiempo después, la joven fue hallada por sus padres ya convertida en madre, con un bebé en brazos. Omar aseguró entonces que vivían juntos y que él se hacía cargo de Jessica y del niño. Pero la historia volvió a repetirse: la pareja desapareció, Jessica regresó brevemente a casa y, tras una semana, Omar volvió a llevársela. Nunca más regresó.
Meses después, Alvis Rodríguez —hijo de policías— contactó al padre de la adolescente para decirle que Jessica había escapado con otro hombre, que lo había abandonado junto a su hijo y que incluso existía una denuncia en su contra por robo, supuestamente presentada por su madre policía. También afirmó que se había tramitado una orden de alejamiento contra la familia de la joven.
Durante años, Raúl Guizada buscó respuestas. En la Policía de Sacaba le pidieron una fotografía de su hija, pero le repetían que la denuncia ya estaba hecha y que debía “esperar”. Pasaron 17 años sin rastro alguno de Jessica.
El miedo se convirtió en certeza cuando el padre vio en las noticias que Omar Alvis era el autor del primer feminicidio del año en Cochabamba.
“Estoy casi convencido de que mi hija está muerta. Si ella hubiera huido con otro hombre, tarde o temprano habría vuelto a casa. Nunca más supimos de ella”, declaró con la voz quebrada.
El caso no sería aislado. Guizada relató que, años atrás, una anciana llegó a la Policía denunciando que su nieta también fue pareja de Omar y está desaparecida. La mujer nunca volvió, pero el dato refuerza una hipótesis alarmante.
El Observatorio de Justicia de la Fundación Voces Libres identificó un modus operandi común: Omar hacía creer a las familias que las jóvenes habían huido con otro hombre tras robar dinero, para frenar su búsqueda y desviar investigaciones.
En el caso de Liliana, incluso sustrajo dinero y documentos personales para simular una fuga voluntaria y participó en las brigadas de búsqueda, sabiendo que el cuerpo de la víctima permanecía oculto en su habitación, en la zona El Abra.
La abogada Mercedes Cortez, del Observatorio, informó que se solicitará la ampliación de las investigaciones para esclarecer la desaparición de Jessica Guizada. “Si se confirmara que fue víctima de feminicidio, lamentablemente en Bolivia no existe la sumatoria de penas”, advirtió.
Mientras un crimen ya fue sentenciado, otras familias siguen esperando verdad y justicia, con la sospecha de que el horror podría ser mayor de lo que hoy se conoce.
