El comunicador F. Jesús Z.S. fue interceptado, torturado y abandonado en un terreno baldío. Organizaciones de prensa califican el hecho como un “intento de asesinato” y un ataque directo a la libertad de expresión.
Bolivia despierta con una herida abierta en su democracia. La brutal agresión contra el periodista F. Jesús Z.S., secuestrado y torturado en la ciudad de El Alto, ha encendido las alarmas sobre el grave riesgo que enfrenta la prensa en el país.
El hecho ocurrió la madrugada del jueves 12 de febrero, luego de que el comunicador cubriera un acto de campaña electoral en la plaza de la Cruz de Villa Adela.
Un ataque con mensaje intimidatorio
De acuerdo con el informe conjunto de la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia (ANPB) y la Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia (CSTPB), el periodista fue interceptado cerca de la 1:00 de la madrugada por sujetos desconocidos que lo redujeron por la fuerza y lo trasladaron en un vehículo hasta un terreno baldío en la zona de Kiswaras.
Durante el secuestro, los agresores profirieron amenazas explícitas contra su labor informativa:
«Ahora sí, periodista de mierda te vas a morir… ahora vas a hablar, vamos a ver si puedes».
Lo que siguió fue un acto de extrema violencia: lo acogotaron y le cortaron la lengua con un arma punzocortante. Informes médicos confirmaron que las lesiones corresponden a “cortes finos provocados intencionalmente”, descartando cualquier posibilidad de accidente.
Para los gremios, el mensaje fue claro: silenciar al periodista a través del terror.
Condena institucional y exigencia de justicia
La gravedad del caso provocó una inmediata reacción de instituciones del Estado y organizaciones defensoras de derechos humanos.
La Defensoría del Pueblo calificó el hecho como una “grave vulneración a la integridad personal y a la dignidad humana”, recordando que el Estado tiene la obligación de investigar con debida diligencia y garantizar protección efectiva a periodistas.
Por su parte, el Ministerio de Gobierno expresó su condena pública e instruyó coadyuvar en las investigaciones para evitar la impunidad. “Proteger a la prensa es proteger la democracia misma”, señala el pronunciamiento oficial.
Los gremios de prensa advirtieron que este atentado se enmarca en un contexto de creciente hostilidad y violencia contra trabajadores de la información, alimentado —según denunciaron— por la falta de sanciones ejemplares en casos anteriores.
Estado de salud e investigación
El periodista fue intervenido quirúrgicamente en el Hospital Corea y recibió el alta médica el viernes. El sábado formalizó la denuncia ante la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) y fue evaluado por el Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF).
Hasta el cierre de esta edición, no se ha informado sobre la aprehensión de los autores materiales ni sobre posibles responsables intelectuales.
Un golpe a la libertad de prensa
El ataque no solo dejó a un periodista gravemente herido. También dejó al descubierto la fragilidad de las garantías para el ejercicio del periodismo en Bolivia.
Organizaciones nacionales e internacionales advierten que cuando se agrede a un periodista por su trabajo, no solo se atenta contra una persona: se atenta contra el derecho de la sociedad a estar informada.
El país espera respuestas. Y justicia.
