El legendario actor y humorista falleció este sábado, dejando un vacío inmenso en la cultura boliviana. El Gobierno Nacional y la ciudadanía preparan homenajes para honrar un legado de más de seis décadas.
El deceso del reconocido actor y humorista David Santalla conmocionó este sábado al país. La noticia no solo paralizó al sector cultural, sino que inundó las redes sociales con una marea de mensajes de despedida escritos por seguidores, colegas artistas y figuras del ámbito político, quienes recordaron al hombre que dio vida a personajes icónicos que hoy forman parte de la identidad nacional.
Un legado de risas y personajes inolvidables
Nacido en La Paz en 1939, Santalla fue un artista polifacético. Aunque se formó como ingeniero civil, su verdadera pasión lo llevó a las tablas, la radio y la televisión. Con una trayectoria de más de 60 años, creó cerca de 50 personajes que se instalaron en el corazón del público boliviano, tales como:
La entrañable Imilla Salustiana.
El inolvidable Don Sordópilas.
Doña Liboria, la abuela Lola y Toribio.
El emblemático Don Vito el Chofer.
«Quería ser recordado»
En declaraciones a los medios, su esposa, Sandra Saavedra, compartió momentos íntimos de las últimas horas del artista. Entre lágrimas, señaló que Santalla pudo escuchar los mensajes y llamadas de sus fans hasta su último aliento.
»Él quería ser recordado, que no lo olviden», afirmó Saavedra, subrayando que su mayor deseo era que su legado de humor perdurara en las futuras generaciones.
Actualmente, sus restos están siendo velados en el Salón de los Espejos de la Gobernación de Chuquisaca, en Sucre, bajo los acordes de su canción favorita, «O sole mio».
Homenajes oficiales
La relevancia de su figura ha llevado al Gobierno Nacional a pronunciarse de manera oficial. La Oficina del Presidente ha emitido un comunicado convocando a la ciudadanía a un homenaje póstumo en la sede de gobierno:
Lugar: Teatro Municipal de La Paz.
Fecha: Domingo 22 de febrero.
Hora: A partir de las 20:00.
Este acto se perfila como un momento de recogimiento y gratitud hacia un hombre que, desde la dirección de su compañía «Santallazos» y la Escuela Superior de Formación en Artes Escénicas (Esfae), dedicó su vida a profesionalizar el arte teatral en el país.
Bolivia despide hoy no solo a un actor, sino a un «maestro» cuya risa seguirá resonando en cada rincón del país.
