Expertos advierten que el convenio militar entre La Paz y Teherán supera la lucha contra el narcotráfico, incluyendo transferencia de drones y tecnología, y pone en aprietos a los vecinos.
En Santiago, crecen las inquietudes por el acuerdo de cooperación firmado entre Bolivia e Irán. Parlamentarios, analistas y medios de comunicación han vuelto a poner el foco sobre la alianza estratégica que ambos países mantienen, especialmente en áreas sensibles como defensa, inteligencia y energía.
El tema fue reactivado luego de que el medio Ex-Ante publicara un extenso reportaje sobre la presencia iraní en Bolivia y sus eventuales implicaciones para la seguridad de Chile y del continente. La publicación recoge opiniones de parlamentarios de distintas fuerzas políticas chilenas, quienes califican el pacto como “preocupante” y “potencialmente peligroso”.
Uno de los puntos que genera más inquietud es la posibilidad de que Irán utilice su cercanía con Bolivia para establecer operaciones de inteligencia o influencias geopolíticas en la región. “Irán no es un país cualquiera. Tiene un historial de intervenciones e intereses en América Latina, y eso no puede pasarse por alto”, advirtió el senador Kenneth Pugh, ex vicealmirante de la Armada chilena.
El acuerdo entre Bolivia e Irán contempla cooperación en sectores como hidrocarburos, litio, agricultura, medicina y defensa. Fue firmado en julio de 2023 durante la visita del presidente iraní Ebrahim Raisi a Bolivia, y ha sido mantenido con discreción por las autoridades bolivianas desde entonces.
Chile, por su parte, observa con recelo especialmente la dimensión militar del convenio. “Este tipo de relaciones no son meramente diplomáticas ni comerciales. Estamos hablando de un régimen que ha sido acusado de financiar grupos terroristas y de usar embajadas como centros de inteligencia”, señaló el diputado Miguel Ángel Calisto.
Algunos medios chilenos incluso sugieren que Irán podría estar interesado en el litio boliviano, recurso estratégico para el desarrollo de baterías y tecnologías limpias, con el fin de evadir sanciones internacionales o ganar poder de negociación global.
Desde Bolivia, las autoridades no han respondido directamente a las críticas, aunque han defendido su derecho soberano a establecer relaciones internacionales. El canciller Rogelio Mayta ha reiterado en anteriores ocasiones que “no existe nada oculto” en el vínculo con Irán.
La reactivación del debate en Chile coincide con un contexto regional delicado, marcado por tensiones geopolíticas, el avance de actores extrahemisféricos en América Latina y la lucha por recursos clave como el litio. Mientras tanto, la ciudadanía y la prensa siguen atentas a una alianza que, lejos de pasar desapercibida, empieza a ser vista como una pieza clave en el tablero sudamericano.
